lunes 20 de julio de 2009

Experiencia personal de nuestra voluntaria Merchi




















En la foto Merchi acompaña a Humberto a un paseo por el campo.

Hola soy Merchi, tengo 14 años y soy voluntaria en la Asociación de Terapias Ecuestres Paso a Paso de Sevilla.

Conocí este lugar gracias a la recomendación de mi profesora, la cual conocía mi afición por los caballos, aquí te das cuenta que tus problemas no son nada comparados con los que tienen todas, o casi todas, las personas que vienen aquí.
Me gusta venir a este lugar porque me resulta agradable ayudar a las personas que lo necesitan.



Te sientes tan feliz cuando sales que no piensas en el cansancio que tienes o en las cosas malas ocurridas durante el día, además aprendes muchas cosas que antes ni se te habrían pasado por la imaginación, cómo por ejemplo que hay que enseñar a los caballos a estar en manada.

En estas fotos vemos una ponencia que Merchi realizó en su instituto exponiendo el trabajo que durante le año habia realizado con la asociación. La ponencia gusto mucho a sus compañeros que participaron haciendo muchas preguntas .

Experiencia personal de nuestra voluntaria Virginia.





















Hola a todos. Os quería contar mi experiencia en la asociación “Paso a paso”.

Siempre me han gustado mucho los animales y un verano con mis padres hicimos una excursión a caballo, desde ese momento soñaba con estar con ellos, poder montarlos y aprender a cuidarlos.

Pero era muy difícil, las clases de equitación son muy caras y para trabajar con ellos debes irte casi siempre al campo y yo soy de ciudad, estoy estudiando, y mi familia está aquí.

Ya había perdido todas las esperanzas de poder estar en contacto con ellos de una forma prolongada, es decir no solo en las excursiones que hacíamos en verano, cuando mi madre me dijo que una compañera suya, Conchita, era voluntaria en una asociación donde hacían terapias con personas discapacitadas. En seguida me puse en contacto con Rafa, diciéndole que yo también quería ser voluntaria y trabajar con ellos, me dijo que me fuese un día y así nos podríamos conocer.

A los pocos días fui con Conchita a la asociación y ella me presentó a todos los monitores y a los niños, y en seguida me trataron como una más, al principio te van explicando como trabajan allí, las precauciones que toman y sus motivos y te enseñan como tienes que tratar al caballo y a los niños. A medida que aprendes te dan más responsabilidades, y te confían cosas más complicadas, porque has demostrado previamente que sabes hacerlo.

Con esta asociación estoy cumpliendo mi sueño de trabajar con caballos.

He de confesar que al principio solo me interesaban los caballos, y me parecía un precio muy pequeño el echar una mano si al final me dejaban montar un rato. Pero en la segunda sesión ya descubrí que la magia de la asociación era la mezcla de estar con los caballos y con las personas que forman la asociación, y que me lo pasaba igual de bien montando a caballo que yendo al lado de este, viendo el progreso de estas personas y sobre todo como se divierten, incluso a veces pienso que me gusta más lo segundo. Esta fue mi primera lección de muchas más.

pero lo más importante es que en esta asociación me siento util y querida, hacen que te superes a ti misma y te das cuenta de que no haces casi nada comparado con todo lo que recibes.



En la foto vemos a Virginia ayudando a Agustin y a su madre, Agustín a veces se pone nervioso ante situaciones nuevas y ese es uno de los trabajos que viene a hacer en Paso a Paso.

miércoles 22 de abril de 2009

Rocio reflexiona sobre los conceptos "discapacidad" y "normalidad".

Este es el testimonio de Rocio: Maestra de Educación Especial que colabora de manera voluntaria con la Asociación Paso a Paso y realiza el Curso de monitora de Terapias Ecuestres.

Soy voluntaria de la Asociación Paso a Paso y hace tiempo cayó en mis manos un texto en el que una madre cuenta su experiencia como madre de un chico con discapacidad. La lectura del texto me hizo pensar cosas que casi nunca se me habían pasado por la mente. Por ejemplo, antes de que naciera mi sobrino, creo que a todos se nos paso por la mente la posibilidad de que tuviera algún problema. En ese momento, estoy casi segura, que todos pensamos en las consecuencias negativas que traería eso, a sus padres y, de alguna forma al resto de la familia. Y, aunque sea complicado ninguno nos pararíamos a pensar en los momentos maravillosos que si nos podrían aportar. O si lo pensamos, los aspectos negativos de ello, superaban estos pensamientos.
En nuestra sociedad actual, la “normalidad” es lo correcto o lo valorado. Pero ¿quién se atreve a establecer que es lo normal o lo correcto?, ¿Quién tiene la potestad para determinar o valorar el hecho de que una persona entre dentro de esa “categoría” llamada normalidad?.
Todos tenemos un punto de vista diferente, unos piensan que el país va viento en popa, mientras otros opinan que no es así. Para ser más sencillos; unos creen que ayer no hizo frío cuando otros salieron con bufanda y abrigo a la calle. Es obvio que todos tenemos un punto de vista distinto sobre la realidad que nos envuelve, pero en ciertos aspectos, estaría bien que antes de ofrecer una opinión sin fundamento, nos parásemos a pensar y a hablar con las personas que tratan con la realidad sobre la que pensamos hablar.

No hace mucho que trato con estos niños, pero desde el primer momento me han enseñado a valorar y a tener en cuenta situaciones que en otro momento me hubiesen parecido insignificantes. Sin ir más lejos, hace unos meses comenzaron a venir un grupo de chicos por las mañanas. Éstos no habían tenido contacto alguno con los caballos y, aunque todos tuvieron que enfrentarse a nuevas situaciones y exigencias, hubo diferencias; unos se acercaban tranquilamente al caballo, aceptaban el casco y sonreían encima del animal, mientras otros no lo conseguían tan rápidamente. Es a partir de aquí cuando te planteas las cosas. Cuando alguno de ellos (ya sean estos niños u otros), consigue algo más, cuando da un paso adelante con todo el esfuerzo que ello supone, las personas que le rodean podemos rompernos en un aplauso o felicitarle ansiosamente por algo que deseábamos que consiguiera. Quizás sea porque, en el fondo, cada uno de nosotros tiene algo de perdedor, y podemos identificarnos tanto con sus miedos como con su valor. Por otro lado, sus prontas sonrisas y sus fáciles agradecimientos me van enseñando más sobre cómo disfrutar.

Seguramente, nosotros y sobre todos los especialistas entregados, ayudemos a entender este “concepto de normalidad”, pero son sus hijos los que pueden crear oportunidades para que cobren sentidos sus vidas (y …¿por qué no?, ¡las nuestras!) y que lleguemos a un acuerdo con nuestras propias dificultades.
Dicho esto, creo que la clave para adaptarse a todo es dejar que se vayan nuestras ideas sobre todo lo que podría haber sido ese chico y disfrutar de lo que realmente es. Las personas con discapacidad no son ni mejores ni peores que las que no las tienen, simplemente son diferentes. Esas diferencias pueden ser fuente de desencanto o decepción, pero también pueden ser el origen de un gozo inesperado

Por último, y aunque suene a topicazo, añadir que intentemos sobrevivir con lo que somos, no con lo que llegaremos a ser ni con lo que tendremos. Si nos pasamos la vida pretendiendo ser y que la gente que nos rodea sea como nosotros queremos, siempre pensaremos en aquello que estas personas no nos aportan y nunca aprovecharemos las experiencias que tengamos con éstos.

Poema de ánimo a todos/as los luchadores/as



Este es un poema de Kipling: el escritor, mitad indio, mitad británico, que escribió "El libro de la Selva", el poema es para mi una fuente de inspiración y ánimo que quiero compartir con todos aquellos luchadores/as: alumnos, madres, padres, familiares, voluntarios, profesionales etc... que se mueven en el mundo de la discapacidad luchando contra obstáculos que a veces parecen superarnos pero que en realidad nos ayudan a crecer con cada paso.

"IF" de Rudyard Kipling :

Si puedes conservar la cabeza cuando a tu alrededor
todos la pierden y te echan la culpa;
Si puedes confiar en ti mismo cuando los demás dudan de ti,
pero al mismo tiempo tienes en cuenta su duda;

Si puedes esperar y no cansarte de la espera,
o siendo engañado por los que te rodean, no pagar con mentiras,
o siendo odiado, no dar cabida al odio,
y no obstante no parecer demasiado bueno,
ni hablar condemasiada sabiduría…

Si puedes soñar y no dejar que los sueños te dominen;
Si puedes pensar y no hacer de los pensamientos tu objetivo;
Si puedes encontrarte con el triunfo y el fracaso
y tratar a estos dos impostores de la misma manera,
Si puedes soportar escuchar la verdad que has dicho tergiversada por bribones para hacer una trampa a los necios,
o contemplar destrozadas las cosas a las que habías dedicado tu vida,
y agacharte y reconstruirlas con las herramientas desgastadas…

Si puedes hacer un hato con tus triunfos
y arriesgarlo todo de una vez a una sola carta,
y perder, y comenzar de nuevo por el principio
y no dejar escapar nunca una palabra sobre tu pérdida;
Y si puedes obligar a tu corazón, a tus nervios y a tus músculos
a servirte en tu camino mucho después de que hayan perdido su fuerza,
excepto la voluntad que les dice "¡Continuad!"

Si puedes hablar con la multitud y perseverar en la virtud,
o caminar entre Reyes y no cambiar tu manera de ser;
si ni los buenos amigos pueden dañarte,
si todos los hombres cuentan contigo pero ninguno demasiado;
Si puedes emplear el inexorable minuto
recorriendo una distancia que valga los sesenta segundos,
tuya es la Tierra y lo que hay en ella,
y - lo que es más - serás un hombre, hijo mío.

martes 24 de marzo de 2009

MI NOMBRE ES ITZIAR Y TENGO MIEDO A LOS CABALLOS












Este es el testimonio de Itziar, profesora de educación especial que colabora de forma voluntaria con la asociación:


Creo que todos hemos sentido alguna vez miedo ante algo, y sentirlo…no es malo, es algo natural; sin embargo todo se complica cuando éste pasa ciertos límites y se convierte en fobia.

No os voy a hablar del por qué ni desde cuando pero si de cómo lo voy superando poco a poco, por supuesto con mucho coraje a pesar de mi inseguridad y la ayuda de los que ahora considero mis compañeros de la Asociación Paso a paso.



Quizás nadie se hubiera enterado de mi miedo y éste hubiera seguido ahí, pero trabajo en un centro de educación especial y “mis niños” empezaron a ir a sesiones de hipoterapia.
Tengo más de 20 años de experiencia en el colegio y he de decir que es una actividad que desde el primer día que fui me impactó por todo lo que sentí, y a la vez me enamoró. Yo, desde aquí, os invito a todos a que asistáis a ver y participar en las sesiones.
Sencillamente es…no se que palabra emplear para definirlo. Primero ves como los chavales disfrutan de la actividad, en el campo, al aire libre, fuera de las paredes del colegio….Observas la relación que establecen con los caballos, el vinculo que se crea entre ellos, y día a día compruebas los beneficios que los niños obtienen con este tipo de terapias. Estos animales muestran una paciencia infinita.



Cada vez que acudía a esta actividad yo simplemente observaba a los niños, como trabajaban los monitores…pero claro…de lejos, mi miedo me impedía acercarme y participar con ellos.
Un día cuando los niños ya habían acabado las sesiones se me acercó uno de los monitores y no sé cómo pero en cuestión de segundos estaba subida, SUBIDA, en un caballo. Explicar que sentí es casi imposible, sencillamente perdí el control; podía haberme puesto a gritar, a llorar, tirarme del caballo…pero no, mi reacción fue quedarme rígida, sentí un terror tan grande ante la situación que no me podía mover, me quedé paralizada. Me quería bajar pero no podía, escuchaba de fondo las bromas y risas de mis compañeros y eso me hacía sentir aun peor. Fue una experiencia muy dura para mi, a nivel físico tuve dolores musculares por la rigidez pero eso no me importaba, a nivel psicológico llegué a tener pesadillas.
Bueno…pues ni aunque yo me lo crea después de esto, volví a las sesiones de hipoterapia y de nuevo viví la misma experiencia, me volví a quedar rígida y a sentir esa tensión extrema montada en el caballo.
Al llegar cada miércoles y pensar que tenía que ir a “los caballos” era una mezcla de sentimientos, por un lado mi miedo, por otro... ver a los niños, como avanzaban, como sonreían, o como se relajaban….



Después de Navidad empecé a ir a las sesiones en Burguillos, primero con la intención de hacer fotos y videos para la asociación pero poco a poco aquello me fue enganchando.
Reconozco que lo he pasado muy mal, desde antes de llegar allí estaba ya nerviosa y en tensión, totalmente alerta ante todo, me mostraba callada y a veces menos participativa de lo que me hubiera gustado. No sé si por fuera se me notaba tanto pues soy una persona que no suelo hablar de mí, que me cuesta expresar lo que siento.
He pasado situaciones de pánico, de encontrarme al límite y alguna vez que otra vez se me ha pasado por la cabeza tirar la toalla. A veces mi miedo podía más que yo y eso me asustaba muchísimo



Sé que es difícil de entender para una persona que no tiene fobias ese miedo “irracional” que siento, sé que a veces puedo parecer muy ridícula y que aunque eso no es algo importante, a mi me preocupa, pero bueno… es una parte de mi
Ahora voy mucho mejor a las sesiones, más relajada, pienso y veo cada día los beneficios que tiene para estos niños esta actividad pero también, quizás egoístamente, pienso en los que yo obtengo.


PASO A PASO, aunque sean pequeños cada día doy un pasito, me siento mejor allí y aprendo algo nuevo. He sido capaz de montar a Penco bastante relajada y lo que siento es alucinante, cuando voy con él me apetece cantar.

Soy capaz de acercarme a los caballos, de cepillarlos, de acariciarlos…cosa que antes era impensable y eso me hace sentir bien. Sé que aun me queda muchísimo por aprender y miedos que superar, me asusta mucho cuando es el caballo el que se acerca a mí, pero quiero lograrlo. Sé que si puedo superar esto puedo superar muchas más cosas en la vida

Desde aquí quiero dar las gracias a mis monitores, compañeros y sobre todo amigos RAFA Y SANTI, por su trabajo, su paciencia y ayuda
UN BESO

martes 25 de noviembre de 2008

Aprendizaje entre iguales.








Sofía es una chica de 15 años, aprende a montar a caballo, pero también colabora y ayuda a los más pequeños. Esto es lo que me gusta de la asociación, aquí todo el mundo aprende de todo el mundo. Además la forma en que Sofía puede explicar algo a un compañero es en ocasiones la mejor forma de hacerlo, ya que lo hace desde la perspectiva de una alumna que ha pasado por el mismo aprendizaje. Sofía ayuda también preparando y conduciendo a los caballos mientras los otros compañeros montan, así ayuda y además aprende a trabajar, así en el futuro podrá obtener el título de auxiliar de terapias ecuestres.

Los padres aprenden de los hijos


Patricia es una niña que monta con nosotros desde hace varios años. Con el caballo ha desarrollado mucho su equilibrio y ha aprendido a coordinar mejor sus movimientos. Además da órdenes en voz alta al caballo y pide ayuda a los monitores cuando necesita algo. Lo que más le gusta a Patricia es cantar en el caballo, cuando canta y pronuncia bien una canción recibe como premio un trote.

En la foto vemos a Patricia llevando a su padre a la grupa, al principio él tenía algo de miedo, pero Patricia lo tranquilizó, ella sabe montar muy bien a caballo y supo transmitir confianza a su padre, que acabó disfrutando del paseo.